iVaya,vaya el pescado seco!

10 oct

Cada rincón de El Salvador contiene riquezas que son fuente de ingreso para sus habitantes. La materia prima que ellos extraen de la tierra o del agua se convierte en su alimento diario, la comercializan localmente y la movilizan hasta la capital, o también puede llegar a ser un producto de exportación. Su trabajo y estilo de vida atraen a la mayoría de visitantes que llevan una rutina diferente, desde turistas nacionales hasta extranjeros favorecen a las familias de estas comunidades con nuevos ingresos y es así como surge el turismo sostenible.

Las comunidades rurales luchan día a día para cuidar a su familia completa que trabaja para salir adelante con sus recursos. Algunos como en la comunidad de Nahuizalco, cerca de una hermosa cascada de 70 metros llamada la Golondrinera: hacen uso de la madera, del bambú u otro tipo de materiales para hacer artesanías y venderlas o también obtienen provecho de los frutos cercanos a su hogar. Las comunidades que tienen como recurso el agua, utilizan  la lancha como elemento vital en la rutina diaria de su trabajo.

Los miembros de las comunidades se transforman en los guías, expertos y elementos esenciales de un viaje rural. Sin ellos la aventura no estuviera completa, claro ejemplo, con los amigos de la comunidad de Rancho Viejo y La Pirraya, Usulután, que trabajan el pescado seco usando una de las técnicas de preservación de alimentos más antiguas y más artesanales. Aprovechan el calor y los rayos del sol para poner el pescado a secar, después de todo el proceso se obtiene un producto que se conserva comestible durante varios años y es fácilmente transportable al mercado.

Los turistas que llegan a estas comunidades disfrutan de las aventuras de caminar entre la vegetación, pasar por los ríos, comer fruta fresca y conocer de cerca a las personas de la comunidad.  Entre otras aventuras, disfrutan de la brisa y las pringas de agua salada que saltan hacia sus alegres rostros y adquieren un valor especial hacia cada destino que visitan.